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PINTARSE LA CARA COLOR ESPERANZA

“Soy una niña salvaje, inocente, libre y silvestre. Tengo todas las edades y mis abuelos viven en mí. Soy hermana de las nubes, solo sé compartir, sé que todo es de todos y que todo está vivo en mi”

Todo empieza en la ciudad del Cusco, como dirían ellos “el Qosqo”, el ombligo del mundo, donde confluyen el Uku Pacha (el mundo de abajo), el Kay Pacha (el mundo visible) y el Hanan Pacha (el mundo superior).

En esta mágica ciudad, donde la música no deja de sonar, los colores están presentes en todas las calles y el mal de altura hace que a los 10 pasos tengas que pararte a respirar, tuve la oportunidad de estar viviendo 3 meses, de los cuales, la mayor parte del tiempo lo pasé en la escuela “Aldea Yanapay”.

Aldea Yanapay es una comunidad auto sostenible, donde su misión es brindar a lxs niñxs, adolescentes, familias y a la sociedad una alternativa de educación basada en la tolerancia, el amor responsable, la espiritualidad y el respeto al planeta. Es una escuela donde tanto lxs niñxs como lxs voluntarixs son maestros, donde se enseña a través del amor y el cariño y donde tu corazón se abre sin miedo a aprender y recibir afecto.

Los pequeños y mágicos espacios de esta escuela buscan motivar y facilitar a todxs lxs niñxs el reconocimiento y el desarrollo del primer círculo de la vida, el “Nokan Kani hani” (el “Yo soy”), y también a desarrollar sus dotes artísticos, su instinto de autoprotección y autoeducación y a sentirse parte de una familia universal conformada por la Pachamama (la Madre Tierra).

Lxs niñxs que participan en el proyecto conviven con la violencia de género e intrafamiliar, sin tener esos espacios necesarios para ser lo que son: NIÑOS y NIÑAS. Cogen responsabilidades familiares y laborales desde pequeñxs y pocas veces han tenido la oportunidad de expresar sus emociones y sentimientos.

Por otro lado, la educación en las escuelas de Perú se basa en gran mayoría en la violencia hacia lxs niñxs. Su enseñanza está basada en el sistema de memorizar para superar exámenes y no para aprender y adquirir conocimientos.

Es por este motivo, que Aldea Yanapay, trabaja desde una metodología muy libre, donde los y las niñas son las que eligen en que quieren dedicar el tiempo durante las horas que participan. Las dos primeras horas de la tarde, deciden a que taller o actividad quieren entrar (manualidades, música, teatro, baile, computo, tutoría de pequeños o grandes y juegos).

A mitad de la tarde se realiza el CIRCULO DEL AMOR, el cual es un espacio donde nos reunimos tanto las voluntarias como todos/as los/las niños y niñas. En este círculo reflexionamos y trabajamos diferentes temas, dependiendo de la semana, y por otro lado, es un espacio que se dedica a poder expresar como nos sentimos, si hay alguna preocupación en nosotras, si queremos pedir o agradecer algo o a alguien; en estos momentos siempre están presentes el fueguito sagrado y las canciones que representan la escuela.

Para acabar una tarde en la escuela, nos reunimos por familias. En cada una de ellas hay diferentes voluntarios y voluntarias. En mi caso, mi familia era Chaska’s(estrellas) que eran los adolescentes de la escuela de 11 a 14 años. Estos momentos los dedicábamos a hablar de sus preocupaciones, a trabajar el sentimiento de familia en el grupo y a tratar el tema de la semana, el cual podía ser, por ejemplo, la violencia de género. El tema trabajado por todas las familias, se representaba durante la tarde del viernes a través del arte, en forma de canción, haciendo un pequeño teatro o cuento, bailando o dibujando, entre otras expresiones.

Me gustaría poder encontrar las palabras que definieran lo que ha sido esta experiencia para mi mundo interior, cada una de las vivencias, sensaciones y emociones que he llegado a sentir, desde sentirme como en casa, encontrando una nueva familia que me ha llenado el corazón de amor y afecto hasta una de las despedidas más tristes, el día que tuve que volver a Barcelona. Después de estos 3 meses la familia Yanapay ha cambiado mi vida, me ha ayudado a crecer, a sanar, a aceptar para poder transformar i me ha enseñado que todos y todas somos maestros y que siempre, siempre, siempre, desde el amor y el cariño se pueden conseguir muchas cosas. También la familia Chaska’s a través de todo el trabajo que hemos hecho juntas y juntos, he podido aprender que no se necesita tanto para vivir, y que realmente, lo importante ya lo tenemos, solo hay que saber cuidarlo y conservarlo. De todas estas cosas te das cuenta al cabo del tiempo, cuando te paras y piensas: cada día me han recibido con una sonrisa a pesar de si han tenido un buen o mal día.

Por último, quiero destacar la importancia de brindar a los y las niñas un espacio donde puedan sentirse libres para poder expresar sus emociones, preocupaciones o para poder comunicarse sintiéndose escuchados y escuchadas, sin miedo a ser juzgados y juzgadas.

Solo puedo decir, que una parte de mi corazón se quedó en Perú y que sé que volveré.

Clara Condeminas Fernández. Treballadora Social, Dinamitzadora del Casal de Barri Montserratina