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PROFESOR LAZHAR


El cine i les emocions. Una eina de caràcter educatiu per a mares, pares, educadors i educadores.


La tercera película que proponemos analizar en este ciclo denominado “Educación de cine” es una excelente propuesta cinematográfica de ritmo pausado y sin alardes que asienta su trama en la reflexión y la psicología. Su creador es Phillippe Falardeau, un director canadiense que recoge la mejor tradición del cine social francés representado por grandes películas ambientadas en el mundo de la educación como es el caso de “Hoy empieza todo” de Bertrand Tavernier y “La clase” de Laurent Cantet.

"Profesor Lazhar" transita sobre temas diversos como la muerte, la inmigración, la educación, la soledad y la amistad. Importantes temas que por si solos merecerían una sola película, pero quizás, si hay que destacar uno de ellos este sería sin duda el de la muerte. La película desde su principio nos propone un tema tan necesario como espinoso: la necesidad y la obligación de hablar de la muerte cuando esta nos ha golpeado de algún modo. Del trauma que provoca el descubrimiento por parte de un niño del cuerpo sin vida de su profesora colgando de una tuberia, y a partir de este dramático hecho, de la conmoción que se produce en el colegio que afecta a docentes, alumnos, madres y padres. Sobre la profesora, parece ser que su problema tenía unos determinados antecedentes, pero todo lo que sabremos es que abrazó a un chico que no acogió con agrado este gesto y la denunció ante sus padres exagerando un tanto lo ocurrido. Significativo el comentario de uno de los profesores de la escuela en una secuencia de la película: “hay que tratar a los niños como si trataras con residuos radiactivos. No los toques o te quemas”.


La muerte, un tema que suele adquirir tintes de tabú cuando se habla con niños y niñas y que se evita o se calla a propósito con tal de evitar momentos que pueden resultar incómodos. Esta reflexión sobre la muerte, a la que nos invita la película, nos lleva a hacernos una serie de preguntas que siempre han de estar presentes en el mundo de la educación. De hecho la película está construida sobre esta batería de preguntas.

  • ¿Es conveniente educar desde una actitud plagada de evasivas?

  • ¿Cómo seguir creyendo en el sistema educativo cuando un terrible hecho ha roto el orden establecido? 

  • ¿Cómo evitar que lo vivido no influya a la hora de dar o recibir clases? 

  • ¿Cómo enseñar lengua cuando fuera del colegio no paran de producirse desgraciados acontecimientos, atentados y guerras? 

  • ¿Cómo combinar toda esta realidad con el microcosmos del aula?

Todas estas dudas y cuestiones que nos plantea la película no son en absoluto nimias, más bien, todo lo contrario, son como cargas de profundidad que estallan sin contemplaciones delante nuestro. Su visionado nos obligan a debatir qué debemos enseñar y cómo enseñarlo. De una forma muy hábil el director nos ofrece un retrato de madres y padres ausentes, un equipo directivo que tiende a responder con evasivas y un profesor, Bachir Lazhar, que debe elegir entre ser simple transmisor de contenidos o receptor de sentimientos. En definitiva podemos decir que la película es una interesante reflexión sobre todo aquello que no se enseña en el colegio ni tampoco en casa y que al final acaba siendo más importante que cualquier teoría incorporada al correspondiente manual de turno. Un aprendizaje simbiótico, una visión positiva de la reciprocidad en el constante proceso de formación que se produce en la infancia, ya no solo en un marco escolar sino en un marco más global.

Una película que nos hará pensar en cómo educamos hoy día a nuestros hijos e hijas. Nada de pescozones ni de castigos físicos, pero tampoco abrazos ni besos que pueden llegar a ser malinterpretados.

Nos encontramos delante de una propuesta cinematográfica dura pero de recuerdo agradable y muy gratificante. Una interesante película que, como ya hemos comentado en el inicio, incorpora la mejor tradición del buen cine social francés y que toma partido recordándonos a través de sus imágenes que un abrazo puede tener un gran valor educativo.

¿El/la docente debe ser un simple transmisor de contenidos o ha de plantearse también ser un receptor de sentimientos?

¿Qué valores nos aporta su protagonista Bachir Lazhar?


Bachir Lazhar es un buen hombre de origen argelino, que ha cambiado su lugar de residencia y se ha visto obligado a trasladarse al Canadá francófono. Pero Canadá no es como Argelia, los niños tampoco son iguales, y la educación ha cambiado bastante en los últimos tiempos, sobre todo en lo referente a los métodos y actitudes pedagógicas. Por eso, sus comienzos como docente no son fáciles, pero todo el mundo se da cuenta rápidamente de que hay mucha humanidad, sabiduría y benevolencia en ese extraño hombre cuyos orígenes guardan un poco de misterio. Nadie en la escuela es consciente del doloroso pasado de Bachir, o de su precaria condición de refugiado. Su esposa, que era profesora y escritora, murió junto con su hija y su hijo en un ataque de un furioso grupo de fundamentalistas en Argelia.

Se trata de un humilde profesor que quiere y hace el esfuerzo de conocer y escuchar a sus alumnas y alumnos, a pesar de la diferencia cultural evidente desde el primer día de clase y de su dificultad para adaptarse a las limitaciones del sistema escolar. Desde un primer momento, Bachir se propone llevar a cabo una tarea muy complicada con los niños y niñas de su clase: ayudarles a superar el suicidio de su anterior maestra. ¿Cómo explicarle a un niño o una niña de once años el motivo que ha impulsado a su profesora a ahorcarse en un aula del colegio? Todos estan muy afectados por el trágico suceso y solo Bachir, dentro de la escuela, es capaz de entender el necesario proceso de duelo de las niñas y niños de su clase porque él también ha sufrido una gran pérdida.


La película trata sobre la imposibilidad de sanación de las personas y más de los niños y niñas traumatizados si no existe un contacto físico, propio de nuestra condición y la naturaleza del ser humano. El protagonista nos habla constantemente de abrazos y despedidas, de honestidad y humanidad, y de no desfallecer pese a las pruebas y, en algunas ocasiones, abismos por los que transitamos durante la vida…¡Que gran importancia adquieren los abrazos en esta película! Maravillosa y memorable escena final.

Bachir representa a un profesor cargado con un cierto aire de tristeza pero que rebosa humanidad, honestidad y un sereno optimismo. Nunca duda en dejar de lado, cuando la ocasión lo requiere, el rígido protocolo del centro educativo donde presta sus servicios. Todo en aras de mejorar la educación de sus alumnos y alumnas. Bachir no solo enseñará gramática y las conjugaciones verbales, enseñará muchas más cosas que son importantes en la trayectoria vital de un niño y de una niña que apenas tienen doce años. Nos encontramos ante un profesor que ha perdido en trágicas circunstancias a su mujer y a sus hijos pero que tiene una fuerza vital interior que le permite dar un aliento de vida y aportar esperanza y reconciliación a los corazones de sus alumnos y alumnas. Las clases se convierten en improvisadas sesiones de terapia colectiva, sin doctrina, sin lecciones de moral, terapias donde se propicia que fluya el dolor, la culpa, la incomprensión, la frustración, el abandono y la más impotente de las desilusiones.


Bachir Lazhar, víctima del fundamentalismo más cruel, encuentra su particular redención en impartir dosis de afectividad y ternura a sus alumnos, un grupo de niños y niñas que, sobre todo, necesitan sentirse queridos. Consigue aportar una especial empatía entre profesor-alumno/a desde el dolor, y desde la incomprensión que supone el misterio y la crueldad de la muerte. Todo ello aderezado con una perspectiva de exquisita ternura y cariño.

Una aproximación al mundo de la educación, desde una perspectiva poco común: la muerte y el duelo.

Por último, destacar sobre “Profesor Lazhar ” que el tratamiento de las imágenes, el color y la fotografía están muy en consonancia con el mensaje que nos aporta de un tímido optimismo contenido en un proceso de sanación lleno de múltiples dificultades y un pasado traumático que se tienen que abordar y canalizar de una forma emotiva y compartida a la vez que racional y contenida. Muy apropiada la puesta en escena temporal que está planteada de una forma metafórica desde el transcurso de las estaciones. Del duro y frio invierno canadiense al sol primaveral que empieza a hacer mella y derrite esa endurecida capa de hielo que se había incrustado en la vida de todos los protagonistas.


"Ni uno menos"

La próxima semana analizaremos los valores que nos transmite otra gran película cuyo título es “Ni uno menos”. Una obra cinematográfica firmada por el director chino Zhang Yimou en el año 1999 ambientada en China y que tiene como protagonista a una joven maestra. Una película que rebosa tesón, fuerza, resolución y sinceridad por todos sus fotogramas.


Article de Daniel Fernández